Mi equipo en las buenas y en las malas

Si alguien dice “no hubo genocidio”, ¿está negando que hubo un exterminio sistemático de un gran número de personas durante el conflicto armado, o se refiere al mal uso del término?

¿Acaso importa? ¿No se trata de una cuestión de semántica ridícula y lo que cuenta es que los muertos claman justicia?

Sí, sí importa. Pero tranquilo: es más probable que esta persona no esté más que echando porras.Creo que muchos de mis compatriotas sufren de algo que es tristemente común en sociedades donde es tajante la diferencia entre “ellos” de “nosotros”: más que buscar terreno común, buscamos una razón por la cual indignarnos por ellos.

El “debate” en las redes sociales en la cuestión del genocidio es uno de los ejemplos más sobrehinchados que he visto.

Tengo amigos y seres queridos en todos los bandos, y permítaseme utilizar la palabra «bando»  de la manera más ligera. Tengo la impresión de que existen estos equipos:

  1. Hay gente que niega categóricamente el genocidio, porque genuinamente no cree que hubo tales cosas como las masacres de poblaciones enteras por parte del ejército o la guerrilla. Me cuesta imaginar un grupo de gente más equivocada.
  2. Hay gente que proclama el genocidio como un hecho que no podría estar mejor documentado y no se detiene a considerar lo que ellos llaman “semántica”: matanza, genocidio, holocausto, el hecho es que los muertos están muertos.
  3. Hay gente que se rehúsa a utilizar el término genocidio porque, dicen, es inexacto y denota un hecho que, estrictamente hablando, no ocurrió. Esta gente probablemente no niega las muertes ocurridas durante el conflicto armada; probablemente tampoco niegan la responsabilidad del gobierno en los hechos. Simplemente, creen necesario el uso exacto de los términos.
  4. Hay gente que cree que toda esta gente es un montón de boludos y que no hay que hacer tanto relajo por algo que ya pasó. Este es el grupo que probablemente más se acerca a los primeros en cuanto a estar equivocados.

Sentados a la orilla de la gramilla están los espectadores que lanzan vítores o vituperios a cada uno de estos grupos de gente. Debido a la masificación de los medios, las más grandes y envenenadas discusiones ocurren aquí.

Mi feed de Facebook está atorado de gente que acusa acusa acusa. En todas direcciones, a todas horas. También está lleno de gente que pone la foto de lo que desayunó y demás pendejadas, claro, pero mi listado de actualizaciones está repleto de personas que rápida y diligentemente denuncian y condenan (por medio de la proeza de compartir una foto o un post) las manipulaciones y mentiras que el otro bando propaga.

Un poquito de mí se muere cada vez que ve uno de estos shares. No porque contradigan mi opinión, no porque calumnien la posición que yo defiendo, no porque sean exageraciones o interpretaciones erróneas de una postura que yo comparto. Mi corazón se encoje y mi ceño se frunce porque estas personas nunca incluyen las putas fuentes de dónde sacan sus reputas opiniones.

He visto gente que comparte posts diciendo que a tal testigo se le impidió declarar, que tal funcionario manipuló el testimonio de tal víctima, que tal ONG movilizó a los pobladores de algún punto del interior en buses donde se les instruye en las declaraciones que deben dar, que el gobierno trajo gente en buses y les indicó la postura que debían asumir públicamente a cambio de fertilizante. Y todas estas declaraciones las hacen mis amigos de Facebook sin contarnos dónde las leyeron, sin indicar quién dijo qué, sin apoyar sus fortísimas opiniones en una sola fuente.

Esto no es así con todos mis conocidos, claro. Hay gente para quienes la documentación es tan importante como la opinión en sí, los mismos quienes se quedarían callados antes de expresar un criterio fundado en la propaganda y en la indignación a gritos de sus compañeros.

Pero percibo que este no es el caso de la mayoría de gente. Cuando se anunció que se suspendía el juicio a Ríos Montt, por ejemplo, lo primero que hizo la mayoría de gente fue darle share a la noticia y declarar que la política en Guate es una farsa. Nadie de los que comentaban  la noticia se preguntaba por qué se tomaba tal acción. Nadie buscó fuentes confiables que explicaran el caso. La gente cuyos comentarios leí se limitaba a rasgar sus vestiduras y a sacudir su puño al cielo. La indignación masiva era impresionante; la exigencia por conocer la causa del hecho, completamente ausente.

El mal nace de la poca costumbre de revisar fuentes, la cultura del chisme, donde importa más quién la rompe, no si la rompió o no en primer lugar. Vitoreamos a nuestro bando mientras nos rehusamos a documentarnos, uno, porque la documentación, plagada de propaganda, requiere esfuerzo, y, dos, por temor a descubrir una verdad que se oponga al nuestro status quo.

  1. La gente que niega las matanzas teme descubrir que existe evidencia indiscutible al respecto.
  2. La gente que proclama genocidio teme descubrir que, a pesar de la evidencia de masacres, el término simplemente es incorrecto, y debido a este tecnicismo verían al autor de las matanzas absuelto y más allá de las medidas punitivas esperadas.
  3. La gente que opina que el término «genocidio» es inexacto teme, mas no en demasía, descubrir que el término es, de hecho, perfectamente aplicable.
  4. La gente que piensa que no hay necesidad y para qué tanto problema no teme nada porque son indiferentes y mejor siguen viendo su clásico de la Champions.

La postura que la mayoría de gente asume se parece más a qué equipo de futbol apoyan. El equipo de futbol casi siempre lo heredamos o lo adquirimos por medios completamente independientes a la calidad del desempeño; lo apoyamos en las buenas y en las malas y no hay manera de convencernos de que nuestro equipo pueda ser el peor o que siquiera pueda ser malo. Nos mantenemos del lado de nuestro equipo por pura lealtad y probablemente por temor a descubrir que, horror, pudimos habernos equivocado de equipo. La analogía se construye sola.

Anuncios

2 comentarios en “Mi equipo en las buenas y en las malas

  1. Me agrada tu análisis del asunto, Andrés. Lo que sucede, creo yo, es que como sociedad no estamos acostumbrados a cuestionar la fuente. Si un medio de comunicación lo dice, pues debe ser cierto… no? Es más fácil confiar en las fuentes de información establecidas que tratar de hacer tu propia opinión al respecto y que la misma sea más que una aglomeración de interpretaciones incompletas. Formar tu opinión toma tiempo, más tiempo del que la mayoría de gente está dispuesta a invertir en ello, precisamente porque están pasando el partido de la Champions, por ejemplo. Recordá también que durante la mayor parte del siglo pasado, en Guate, a la gente que se atrevía a pensar un poco más de lo que le decían que pensara, le iba mal. En las palabras de uno de mis autores favoritos… “We live on a placid island of ignorance in the midst of black seas of infinity, and it was not meant that we should voyage far.”

    Responder
  2. Me agrada tu punto de vista. Yo siempre he pensado que el periodismo, como toda ciencia, debe fundamentarse como tal. Desde los medios escritos hasta los audiovisuales, buscan tergiversar opiniones a través de un periodismo barato tipo “nuestro diario”. Y es que me hace caer en conclusión que aquí en Guatemala, es (casi) nulo el periodismo científico, y por ende, son muchas las opiniones sin fundamento.

    Responder

A ver, contame

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s